viernes, 3 de septiembre de 2010

Personaje detrás de personaje


La feria internacional del Libro de Lima 2008 invita a la ciudadanía a formar parte de una fiesta de cultura interactiva entre escritor y lector. En ella se podrán encontrar nuevos elementos de conocimiento como también ideas para exploraciones temáticas a la hora de estructurar la creación ficcional. Y por supuesto, se podrán descubrir y encontrar nuevos valores literarios, algunos de los cuales son de relativa sonoridad en el extranjero, por lo que muchas veces el eco de sus nombres no llega hasta nuestros oídos peruanos.

Haciendo exclusiva mención a este último punto, quiero citar a un escritor que me pareció bastante peculiar: Carlos Castán, español. Lo conocí ayer, durante el coloquio literario dado con motivo a su trabajo. No crucé muchas palabras con él, pero sus ideas me parecieron bastante interesantes. Respecto a otros aspectos notables de él, tenía una facha de loco que pocas veces se encuentra entre escritores que pasan los 45 años, y hablaba de forma medida y cuidando las palabras. Por lo que pude notar, su menor interés era impresionar. No había ido a vender sus obras, ni siquiera a promocionarse profesionalmente, sino simplemente había ido a hablar de sus concepciones de literatura, de su obsesión más que su disciplina literaria.

Al principio parecía que no tenía mucho que decir. El entrevistador, el escritor peruano Javier Arévalo, a veces no sabía bien qué quería preguntar. Pero no importaba; de alguna u otra manera terminaba arráncándole palabras interesantes a este español. Por ejemplo, le arrancó comentarios certeros sobre los personajes que giran alrededor de su obra. Nos hizo saber que muchos de ellos eran los perdedores, los rechazados, los que nadie tomaría como ejemplo a seguir en sus vidas. A Castán le interesaba la parte deprimente de la sociedad. Pensar en ello me pareció interesante y me hizo reflexionar: sería factible que un escritor pudiera vivir de su trabajo escribiendo sobre personajes deprimentes?

La respuesta también la dio él rato después: así como era escritor, tenía otras actividades que le permitían ser escritor a la medida que él se impusiera. Entonces me surgió otro cuestionamiento: sería factible que un escritor a tiempo completo pudiera ganarse la vida escribiendo sobre personajes deprimentes? Esta, dado que no era su contexto, no la respondió. Si me preguntan, considero que sí. Lo hace Paul Auster, aunque claro, sus personajes siempre aspiran a ser héroes a su manera. Lo hizo también Hesse y Joyce. Lo hicieron quienes más que vender preferían transmitir sus ideas radicales al mundo. Y sobretodo, lo hicieron hombres que tenían una disciplina férrea a la hora de escribir, que esperaban a las ideas sentados frente a cerros de hojas de papel, listos para atraparlas y plasmarlas sin demora. Castán, con su facha de loco a los 48 años y sus 4 libros publicados, nos confesó que en cierta manera él no pertenecía a esta casta de sujetos.

Como sea, Castán me pareció interesante. Sus cuentos manejan un buen lenguaje, un clima tenso que muchas veces terminan en una deformación psíquica. Su aspecto me pareció más interesante aún, porque me daba a suponer mucho de él. Se mostró muy acequible y dado a la crítica y la reflexión. La verdad no sé si se mostró así porque muy sutilmente quería ganar espacios en un país donde muy poca gente lo conoce. Cualesquiera hayan sido sus razones, lo considero acertado al momento de interactuar con sus posibles lectores.

Y eso fue lo más relevante ayer en mi paseo por la feria del libro. Castán me hizo reflexionar sobre algunos cuestionamientos, y me dio, sin que él lo supiera, una alentadora visión de mi propio trabajo. Espero obtener las visiones de más escritores los días que vengan. Espero que esta feria del libro me sirva de algo más que ir y curiosear.

(Dato: son cuatro los libros de Castán, Frío de vivir, Museo de la soledad, El aire que me espía, Sólo de lo perdido. Todos se pueden obtener en la cadena de librerías El Virrey)

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