lunes, 18 de octubre de 2010

Justo en este día...



Tal vez para alegría de uno de mis lectores, quien estoy seguro dejará de leer mis post después de este, hoy, 18 de octubre, ha dejado de ser una fecha importante dentro de mi calendario emocional. Por esos azares del destino, que uno no sabe a ciencia cierta si son los correctos o no, ha culminado lo que parecía sometido a la infinidad del tiempo: mi relación.

Sí, hoy cumplíamos un año. No podíamos celebrarlo básicamente por mi tiempo, pues sé que hoy el de ella sufrió una alteración favorable a su libre albedrío. Nos vimos a mediodía y de inmediato, al verla aproximarse, comprendí que la atmósfera ya no nos era favorable. En realidad lo había comprendido desde ayer en la noche, y más aún, desde el sábado, cuando me di cuenta que mis contestaciones telefónicas distaban mucho de ser lo que ella esperaba. Los besos de saludo habían quedado de más. Ya no hablábamos. No lo habíamos hecho tampoco ayer, no intentamos ya volcar nuestra predisposición a mejorar nuestras relaciones. Por lo visto, entrábamos en el magro proceso de agonía.

Hoy fue la muerte. Nos vimos y creo que hubiera sido mejor no haberlo hecho. Creo que habernos olvidado de saludarnos hubiera tenido resultados menos explosivos. Porque ella no me saludó por el año y yo la saludé a fuerza, aunque a eso había ido, pero no podía mostrar ya mis sentimientos, ni quería. Y quedó ahí, tras tres preguntas respondidas con una sola frase: «como quieras» ¿Se puede continuar junto a alguien que ante cuestionamientos sobre el futuro de la relación ya solo responde como quieras? ¿Se puede continuar junto a alguien como yo que solo piensa en las cosas que quiere hacer y ya no se da tiempo para la relación? ¿Es posible seguir adelante si no se borran los recuerdos y se mantiene la intriga? ¿Es posible que en mí, dado el contexto que ella y yo vivimos, afloren algunas sospechas? Vaya uno a saber.

Sí, la voy a extrañar. Al verla coger sus cosas supe que no la volvería a ver. Al devolverle su foto, al ella no cogerla y al ambos dejar el retrato en el suelo de aquella maldita avenida supe que nuestros caminos se estaban bifurcando. Luego ella subió conmigo al vehículo, vino a mi casa y cogió sus cosas. Y se fue. Y ahí quedo. Y creo, aunque me duela, que ahí debe quedar.

Como digo, la voy a extrañar. Si estás leyendo esto, quiero que sepas que te deseo todo lo mejor y que de veras espero que logres las cosas que te has propuesto. Yo también haré mi parte. Si nuestros sueños no lograron concretarse trabajando juntos, si los problemas y los tiempos fueron más fuertes que nosotros, si ni tu familia ni la mía estaban de acuerdo, si ni tus amigos ni los míos veían bien esto, pues ya no importa. Solo quiero que seamos grandes y que ambos lleguemos a escuchar el uno del otro y que nos sintamos orgullosos y felices cuando pase, dado que ello significó que en algún momento nos topamos para intentar crear algo grande y hermoso. Por lo demás, extrañaré tu risa, tu voz, algunas locuras, tu forma de hacerme el amor, las noches en mi caverna y todos los riesgos que tomamos para estar juntos. En general, te voy a extrañar a ti. Sé muy feliz, y por el amor de Dios, olvida este día, justo este día, en el que todo inició y en el que todo también acaba.

Adiós.  

lunes, 27 de septiembre de 2010

De mi Dad Dale Rosen

HAVE REAL CONVERSATION IN ENGLISH WITH A NORTH AMERICAN

·         30 Years in the high level business
·         15 years on the theatrical stage
·         University educated
·         12 years teaching and coaching acting and sports
·         Living full-time in Peru
·         Married to a Peruana

Let’s talk about whatever you want to.
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·         Individual classes or group (maximum 3 students) in my house in Surco
·         s/30 for 1 hour or s/40 for 1 ½ hours or group fee negotiated
·         Reading materials provided

Call or email:   Dale Rosen
9938-82059

viernes, 17 de septiembre de 2010

El reto



Tal vez me equivoque, pero empiezo a creer que de cierta forma el destino del escritor parece ser el de un paria en su propio entorno. Me refiero a esa clase de paria que es apreciado por sus ambiciones pero criticado por su decisión, una especie de incomprendido que tiene que lidiar con la crítica de quienes lo forjaron con la idea de que algún día sea grande. En países como el mío, donde la cultura roza apenas con el congestionamiento vial y los festivales chichas, el escritor se encuentra entre el dilema de ser lo que no puede ni quiere dejar de ser o someterse al mundo que le tocó vivir y empezar a llevar la vida normal que todos aspiraron para él, pues eso es lo que dicta el devenir económico y social (la hija de puta idea de éxito) de la expectativa general. Quienes te aman aspiran lo mejor para ti sin a veces darse cuenta que lo mejor para ti está lejos de ser lo que ellos tienen en mente. Me doy cuenta que en la mayoría de casos ser escritor es revelarte a quienes amas y te aman para ser tu mismo, ingresando así a un proceso de soledad paulatina en el que terminas convirtiéndote en lo que quisiste ser, y también, por supuesto, en un paria.

¿Vale la pena sacrificarlo todo por contar historias que al fin y al cabo, como decía García Márquez, parecen no servir para nada? ¿Vale la pena tragar bilis y consolar a tu entorno con la idea de que algún día serás grande con lo que quieres y no solo con lo que debes? Creo, no, estoy seguro, que no. Sin embargo, los escritores a veces somos seres estúpidos que nos entercamos con una simple idea, la matriz de nuestra alma, el alimento predilecto que nos hace estar vivos más allá de cualquier complacencia orgánica: escribir. Trasladar las ideas a un papel, sentir que toma forma lo que bulle en nuestro fondo, ver cómo se desliza lo inmaterial y se convierte en un mundo más allá del mismo mundo nos hace soñar con la posibilidad de una existencia mejor no solo para nosotros, sino para todos los que nos leen y están a nuestros lado, pues si eso nos hace felices buscamos que ello también genere felicidad. En síntesis, escribir es la única forma de sentirnos vivos, o mejor dicho, es la única forma de vivir.

Para todas las personas que quieren lo mejor para mí y no saben si mi camino es el correcto; para todos aquellos que me comprenden o no, que a su manera esperan y luchan por mi bienestar yo les digo ahora: la felicidad es en mucho un acto de justicia generado por la persistencia del ánimo, un ejercicio de la voluntad que no pasa inadvertido por Dios. Ratifico la probidad de cierta balanza ontológica al decir que todo cae por su peso, y cierro este post diciendo que la paciencia consuma sacrificios y nos lleva a donde debemos llegar, y es entonces cuando la diligencia nos deja en la frontera entre el sueño y la realidad, el ideal y la proyección, desde donde yo, él, cualquiera que lucha por algo (y aquí destaco a mis colegas escritores en ciernes) dice, a voz en cuello: Dios, gracias por ponerme en este sitio. Ahora, el resto corre por mi cuenta. 

domingo, 5 de septiembre de 2010

Situaciones




Me doy cuenta con tristeza que últimamente no me estoy comportando a la altura de lo que se espera haga una pareja. Siento que una parte de mí ha quedado olvidada en algún lado del tiempo y no me explico por qué me resulta tan difícil recuperarla, sobretodo si mis sentimientos siguen intactos y mis deseos con cada vez más ardorosos. Pero sí, me doy cuenta que estoy siendo otro, muy distinto al que sacaba tiempo de donde fuera para esperar un momento con ella y poder darle un beso, o un detalle.

Tengo una hipótesis que no sé si ayuda mucho, pero al menos me consuela: la situación. Por decirlo de una manera simple, no es muy buena. Ni para ella ni para mí. Nos está siendo difícil salir de una corriente que se empeña en arrastrarnos, y aunque luchamos contra ella a veces simplemente preferimos dejarnos llevar,  tal vez cansados o meditabundos, tal vez en afán de retroceso para remontar con más impulso. En mi caso, la presión me está asfixiando y siento que a veces tengo más cabida para las preocupaciones que para los sentimientos, lo que genera un desorden de comportamiento que a ella la afecta. A veces me comporto como un imbécil: creo que debo de empezar a tomar las cosas de la mejor manera.

A eso se suma que estoy en la etapa de corrección de mi primera novela y mi labor está abocada a la búsqueda de la perfección estética de estilo, fondo y forma, ocupación que acapara gran parte de mi tiempo y voluntad. Por momentos me detengo y corro a echarme con ella en la cama y acariciarla y sentir su calor a mi lado, pero luego mi mente vuelve a la ficción, a maquinar cómo puedo hacer mejor lo que mejor sé hacer en la vida. Ella sabe cómo soy y me comprende, lo que no quiere decir que la situación la haga muy feliz. Desde aquí le pido perdón. Quiero ser un gran hombre para ella, que es mi gran mujer. Solo pido un poco de paciencia, nada más. Paciencia y amor.

Y lo último es algo que pasó hace mucho y que no ha podido borrarse del todo de mi memoria. Un fantasma que está al norte del continente y que me sigue perturbando porque siento que no se va, que ella no puede eliminarlo porque el muy #$%*! se aferra a permanecer en el limbo. Un recuerdo de cierta situación en la que no obtuve el respaldo que quería, un recuento de situaciones en las que me sentí hablando con la pared, esperando una reacción; unos comentarios en el maldito facebook que acabaron con mi paciencia y mi poca tolerancia (aún la creo justificada) y también, entonces, con mi relación. Y luego otra situación, esta vez a distancia, en la que yo ya no era partícipe; finalmente, un rompimiento y una nueva oportunidad para nosotros dos, ella y yo, esta vez para siempre o hasta el definitivo final: la interpretación es libre. Y hace un par de días, unos labios suyos que me dicen que si pudieran retroceder el tiempo me defenderían, como lo harán cuando se de la oportunidad. De inmediato unos labios míos se ríen y callan porque son incapaces de decir lo que sienten y piensan, pues ella es mi gran mujer, la que está conmigo en las buenas y en las malas, la que duerme en mi cama y me cuida, la que cuido y amo, y amo muchísimo, y eso debe ser todo. No voy a pensar en nada más… excepto en que a veces quisiera retroceder el tiempo y corregir mis malas decisiones, cambiar los malos actos, enfocarme en ser mejor. Pero no se puede. Queda tomar lo aprendido y mirar hacia adelante.

¡Maldita sea, como quiero volver a ser el que he sido siempre!     

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuando no se tiene de otra



Espero una llamada. Tan solo unas pocas palabras que reconforten el ánimo, pues son tiempos difíciles y no puedo seguir esperando y menos seguir creyendo. De esa llamada dependen muchas cosas, así que no solo la espero, la ansío.

La encargada de selección de personal dice que tengo todo lo necesario para el puesto al que postulo. Ella trabaja en una agencia de selección de personal a la que me presenté hace poco menos de un mes. Acudí enternado, hoja de vida bajo el brazo, quince minutos tarde y un gesto en el rostro que, al mismo tiempo que trataba de demostrar confianza, decía «lo siento, el tráfico». Vino la sesión grupal, la presentación y las ya conocidas pruebas de rigor (ya saben, la persona bajo la lluvia y esas cosas) . Pocos días después una llamada me llevaba al siguiente paso del proceso.

Volví a asistir. Ya éramos menos los convocados y los procesos de selección empezaron a complicarse, pues uno ya tenía que aplicar cierta lógica para resolver casos. La encargada de selección de personal, a la que designaré como ella, prestaba atención a nuestras intervenciones, acompañada esta vez por sus jefes. En una de esas noté que me miró. Le sonreí.

A los pocos días ella me volvió a llamar, pero esta vez percibí cierto margen de confianza ostensible en nuestras palabras, lo que me dio pie para indagar un poco más sobre mi situación competitiva en el ámbito de proyección laboral al que aplicaba. Me dijo que era el favorito. «Confía en ti, Diego, todo va a salir bien.» «Sí, eso haré ―le dije―, eso haré.»

El proceso terminó al fin con la agencia y pasé a entablar relaciones directas con la empresa de mi interés, sobresaliendo, según las notificaciones enviadas de la empresa a mi amiga ella, en todos los aspectos. Ante mi ansiedad, volvió a repetirme que tuviera confianza. Bien, le dije, eso haré.

Y el martes se dio la última entrevista con gerencia y todos los que participamos de esa reunión nos sentimos algo intimidados porque no nos resultó muy fácil resolver tres casos grupales en nueve minutos, tres situaciones que debían tener la aquiescencia de nosotros seis para ser puestas en funcionamiento. Esta vez, según mi propia observación, destaqué. Nos dijeron que nos llamarían en un par de días, nos dimos las manos, salimos, reímos, me fui contento, directo a casa.

Y mira cómo pasa el tiempo y los dos ya días han pasado y no tengo noticias. Me pregunto si, después de todo, habré sido seleccionado, lo que debe significar que ha ocurrido un pequeño retraso y me llamarán el lunes sin falta. Según ella, la incondicional ella, todo va a salir bien. Esta vez la llamo yo y me dice que sigo sobresaliente, y antes de colgar me pregunta si tengo problemas con Infocorp, el sistema financiero nacional. «¿Por qué?», le digo. «También te filtran por ahí ―dice―. ¿Tienes problemas con el sistema?» Y yo sonrío y le cuento un poco mi situación, y ella, ya no tan eufórica me dice que espere, que todo va a salir bien.

Cinco escalas emocionales, cinco momentos decisivos, cinco ratos más viejo. ¿Por qué carajo no filtran primero por el sistema y no le hacen perder a uno el tiempo? ¿Será por eso que no me llaman? ¿Alguien me puede decir si tengo alguna razón contundente para seguir esperando?

Bueno, tal vez sí, una: la esperanza. Dicen que es lo último que se pierde, y total, en circunstancias como esta ya no me queda mucho que perder. O sino pregúntenle a ella.

A ti y nadie más



Le escribo a la mujer de mis sueños, a la que me hace suspirar las noches que está conmigo, imaginando estrellas en un cielo gris. A aquella que no tiene reparos en ser tal cual es, inteligente, hermosa, talentosa. La que nunca dice una palabra de más, que sabe opinar, que percibe las sutilezas artísticas más depuradas y precisas. La que sabe que el silencio es la mejor melodía de la complicidad.

Le escribo a mi complemento, a la mujer de alegrías nunca exageradas ni fingidas, a la que no espera que la haga reír, sino a la que se ríe conmigo. A la que cogo de la mano sin sentir verguenza. A aquella ilusión que algún día llegará, cuando esté listo para recibirla.

(Y algún día estaré como la canción de Alejandro Lerner, hay algo que te quiero decir, y no sabré como decir mis sentimientos, me pondré rojo, la besaré y esperaré que me bese también. Luego sonreiré, y si sonríe, saltaré de gloria, lo puedo predecir.)

(O estaré como el conde Bronsky en Ana karénina de León Tolstoi, pensando: "si ella voltea a verme, será mía.")

(Bah, sinceramente, este es uno de los textos más cursis que he escrito jamás. Qué asco.)

El paranoico



Les ha pasado que por más que muchos digan que no, ustedes sienten que han sido víctimas de una estafa, o un robo? Hoy necesité sacar dinero de un cajero de Interbank y como no había ninguno, entré a una oficina de Western Union, donde había una sección de Interbank directo. Hice mi tramitación, pero no había red y pasé tres veces mi tarjeta de crédito y tres veces marqué mi contraseña. Luego el tipo que atendía preguntó si era cuenta de ahorro en soles, le respondí y finalmente dijo que no había sistema. Casi lo mando al carajo. Por supuesto, todo este ajetreo me pareció bastante raro.

Cuando salí, recordé que el tipo previamente a indicarme que pasara mi tarjeta de crédito, activó el sistema con una tarjeta muy parecida a la mía. Mis suspicacias al respecto aumentaron. Al poco rato me encontré con mis amigos y les conté lo ocurrido, y literalmente me dijeron que había sido un animal, y que probablemente la siguiente vez que quisiera retirar dinero no encontraría ni un sol. Me puse lívido. Pregunté si estaban seguros de lo que decían, insistieron que sí, y entonces decidí regresar al lugar y ver la manera de obtener más respuestas. Mis amigos, verdaderamente unos hijos de puta, me detuvieron diciéndome que me tranquilizara, que no pasaría nada. Lo hicieron con tanta convicción como burla que me calmé y fui con ellos a almorzar.

Debíamos hacer unas actividades en la tarde pero me sentía aún intranquilo. Fui al banco, retiré dinero, vi que todo estaba en orden con mi cuenta y tomé un respiro profundísimo. Luego me pregunté si acaso el tipo, de querer robarme introduciéndose en mis operaciones bancarias, ya sabía que, después de despertarme la sospecha, mi primera reacción sería ir al banco y ver si todo estaba en orden. De ser así, me crearía confianza y me lanzaría el golpe luego. "No será más astuto que yo", pensé y regresé al banco a sacar todo mi dinero. Cuando llegué a la ventanilla, le dije la cantidad que quería, que era exactamente la que tenía en la cuenta, y me dijeron que no tenía los suficientes fondos. Casi me vuelvo loco.

La cuenta está a nombre de mi mamá. Regresé a casa desesperado, le conté lo sucedido y fui al banco con ella. En ventanilla nos dijeron que todo estaba muy bien. Saqué el dinero. Aperturé una nueva cuenta. Mi mamá cambió la clave de la suya. Todo bien, yo sonriente, el cajero riéndose de mi sudor nervioso. Camino de regreso, mi mamá, así como felicitarme por la preocupación e imprecarme por el descuido, se burló de mí y me dijo que a veces me comportaba con un paranoico. Pero ustedes realmente creen que lo fui?

(Solo como dato: Interbank ya no tiene convenio con Western Union. Cualquier unión es una estafa. Ya ven, no estaba tan desquiciado)